Cada pregunta resuena en mí cabeza. Pero la principal, la más importante. Creo que ni siquiera importa la pregunta, o la variante de preguntas que engloban la misma respuesta.
Él es piel, es deseo, es calor en pleno invierno, es la isla: somos esa isla.
Es el departamento en calle Gascón, es caminar y escapar al mismo tiempo. Son besos por escaleras, a plena luz del día, es un pucho en la terraza mirando el Hilton de enfrente y que hace la bandita de la esquina.
Es el chocolate entre besos, es la risa resonando en la habitación. Sabanas mojadas. Respirar el mismo aliento. Verme en sus ojos, realmente es verme en sus ojos.
Es besos en los pies, en las manos, en el alma.
Es el te amo entre orgasmos. Es el quiero verte a cualquier hora.
Es la inesperada y a la vez predecible e interminable sorpresa una y otra vez.
Es saber el final de este capítulo y aún así, seguir.
No son platos rotos ni gritos en medios del silencio, es un abrazo sabiendo que no termina ahí, que se vuelve. Qué volvemos.
Es el gato que me mira celoso, es él divertido con la escena.
Es la comida preparada al pasar, es caminar abrazados en la calle a sabiendas de que no es real.
Es imposible. En cada capítulo, en cada libro.
Es la historia que callamos.
Porque no todas las historias son eternas pero si cortas y épicas, porque hubo magia entre tantas cosas.
Y ahora soy yo, despidiéndose. Sin él.
Él es piel, es deseo, es calor en pleno invierno, es la isla: somos esa isla.
Es el departamento en calle Gascón, es caminar y escapar al mismo tiempo. Son besos por escaleras, a plena luz del día, es un pucho en la terraza mirando el Hilton de enfrente y que hace la bandita de la esquina.
Es el chocolate entre besos, es la risa resonando en la habitación. Sabanas mojadas. Respirar el mismo aliento. Verme en sus ojos, realmente es verme en sus ojos.
Es besos en los pies, en las manos, en el alma.
Es el te amo entre orgasmos. Es el quiero verte a cualquier hora.
Es la inesperada y a la vez predecible e interminable sorpresa una y otra vez.
Es saber el final de este capítulo y aún así, seguir.
No son platos rotos ni gritos en medios del silencio, es un abrazo sabiendo que no termina ahí, que se vuelve. Qué volvemos.
Es el gato que me mira celoso, es él divertido con la escena.
Es la comida preparada al pasar, es caminar abrazados en la calle a sabiendas de que no es real.
Es imposible. En cada capítulo, en cada libro.
Es la historia que callamos.
Porque no todas las historias son eternas pero si cortas y épicas, porque hubo magia entre tantas cosas.
Y ahora soy yo, despidiéndose. Sin él.
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