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Cómplices

Los días de frío y el amor más grande.
Cuando mi hijo era pequeño me gustaba tirarme con el en el sofá, taparnos hasta la cabeza mientras mirábamos una y otra vez la misma película.
Y el me contaba las mismas cosas. Y yo le respondía siempre lo mismo.
Me miraba a los ojos y parecía que se perdía, que yo era la única en su vida. Me sonreía cómplice.

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